
Basílica Notre-Dame del Vieux-Montréal
Su interior neogótico es espectacular, con una nave azul profundo tallada en madera y un altar que cambia de color. Merece la pena pagar la entrada para verla con calma, aunque también hay misas abiertas.
Montreal es una ciudad que juega a ser europea sin dejar de ser norteamericana. Sus calles cambian de idioma, de sabor y de arquitectura cada dos manzanas, y eso es precisamente lo que la hace adictiva.
El metro y el autobús de la STM son la opción más eficiente; el centro es compacto y se recorre a pie. En verano, el sistema de bicicletas BIXI es ideal para trayectos cortos. No necesitas coche salvo que vayas a excursiones fuera de la isla.

Su interior neogótico es espectacular, con una nave azul profundo tallada en madera y un altar que cambia de color. Merece la pena pagar la entrada para verla con calma, aunque también hay misas abiertas.

Diseñado por Frederick Law Olmsted, ofrece el mirador más famoso de la ciudad desde el belvedere Kondiaronk. En verano es perfecto para picnic; en otoño, para ver los arces rojos.

El mercado público más grande de América del Norte francófona. Aquí encuentras quesos locales, sidra de hielo, productos del Québec y una atmósfera que invita a desayunar de pie.

Su colección permanente incluye obras desde el Renacimiento hasta contemporáneos canadienses. Los miércoles por la tarde suele haber acceso gratuito a ciertas salas.

Famoso por sus fachadas de escaleras de incendio exteriores y murales. Es el lugar ideal para perderse entre terrazas, librerías independientes y restaurantes de medio mundo.

El santuario más grande dedicado a San José en el mundo. Su cúpula es visible desde toda la ciudad y la vista desde la terraza superior compensa la subida.
🌸 Mejor momento: Junio a septiembre
Compra la tarjeta Opus y recarga pases diarios o semanales de la STM; el metro y el autobús cubren casi todo lo turístico y funcionan hasta la 1:00 h.
No pidas un simple pan en una bageltería; prueba los bagels de St-Viateur o Fairmount, horneados en madera y distintos a cualquier otro que hayas probado.
Si viajas en invierno, un buen abrigo, gorro y guantes no son opcionales; las aceras pueden ser peligrosas y el viento resta sensación térmica de forma severa.
Mañana en la Basílica Notre-Dame y paseo por las calles empedradas del Vieux-Montréal. Almuerzo en el Puerto Viejo y tarde en el Museo Pointe-à-Callière para entender los orígenes de la ciudad.
Subida matinal al belvedere del Parque del Mont-Royal. Tarde en el Museo de Bellas Artes y paseo por el Plateau para ver las escaleras de incendio y cenar en el boulevard Saint-Laurent.
Mañana en el Mercado Jean-Talon con parada en una fromagerie. Tarde en el Oratorio Saint-Joseph y atardecer en Mile End probando bagels recién hechos en una de las panaderías históricas.











