Casco Antiguo y el Fornet
Perderse por el laberinto de calles empedradas del Fornet es la primera obligación de cualquier visita. Cada rincón esconde talleres de artesanos, galerías y pequeños patios que huelen a buganvilla.
Altea es ese rincón de la Costa Blanca donde las fachadas blancas no son postureo, sino tradición. Subir a su casco antiguo es dejarse seducir por calles que huelen a jazmín y a pintura fresca, mientras el Mediterráneo vigila desde abajo. Si buscas playas kilométricas de arena fina, quizás te convenza el vecino Albir; si prefieres el encanto de lo auténtico, aquí te quedas.
El centro histórico es puro desnivel, así que olvídate del tacón y recórrelo a pie sin prisa. Si te alojas en la costa, el paseo marítimo une la playa con el puerto cómodamente. Para excursiones a la Serra Gelada o al vecino Albir, el coche es útil aunque no imprescindible gracias al autobús urbano y a la línea de costa.
Perderse por el laberinto de calles empedradas del Fornet es la primera obligación de cualquier visita. Cada rincón esconde talleres de artesanos, galerías y pequeños patios que huelen a buganvilla.
Sus dos cúpulas de cerámica azul son el emblema de Altea y de toda la Costa Blanca. Desde la plaza del antiguo convento, las vistas del mar y del Peñón de Ifach justifican solas la subida.
Situado en lo alto del casco antiguo, ofrece una panorámica de 180 grados sobre el litoral alicantino. Es el sitio perfecto para fotografiar el atardecer sin el gentío de los miradores más turísticos.
Es la playa urbana por excelencia, justo al pie del casco antiguo, con guijarros y aguas tranquilas. Llegar caminando desde el centro es fácil, pero lleva calzado para entrar al agua con comodidad.
Conocido también como Marina Greenwich, alberga una flota de veleros y varios restaurantes donde cenar con vistas a los barcos. El entorno es más sofisticado que el paseo principal, ideal para una tarde tranquila.
Se sitúa al norte del núcleo urbano, en una cala de guijarros con vistas frontales al Peñón de Ifach. Es menos concurrida que la Roda y cuenta con un chiringuito histórico donde tomar una paella a pie de playa.
🌸 Mejor momento: Mayo, junio y septiembre
Subir al casco antiguo con sandalias es un error: las calles son empedradas y empinadas. Unas zapatillas de suela gruesa te salvarán el tobillo.
En agosto, el aparcamiento gratuito en el centro desaparece antes de las diez de la mañana. Si no encuentras sitio, usa el aparcamiento del paseo marítimo y sube andando.
El mercado municipal se monta los martes en la avenida de los Almendros. Es la mejor ocasión para comprar fruta de la huerta alicantina y productos de proximidad.
Sube al casco antiguo por la mañana, visita la Iglesia de la Virgen del Consuelo y el Mirador de los Cronistas, y almuerza en una terraza del Fornet. Por la tarde, baja a la Playa de la Roda para un baño rápido y una vuelta por el paseo marítimo.
Reserva la mañana para el mercado municipal si es martes, o para una ruta suave por la partida de la Serra Gelada. Come en la playa de la Olla y relájate en su chiringuito hasta el atardecer.
Pasa la mañana en el Puerto Deportivo Luis Campomanes paseando entre los pantalanes y tomando un café con vistas al Peñón de Ifach. Por la tarde, visita alguna galería de arte del casco viejo y despídete con una cena en un restaurante tradicional valenciano.