
Parque Nacional Þingvellir
Aquí se puede caminar entre la falla tectónica que separa la placa euroasiática de la norteamericana, un paisaje de grietas y lavas donde se fundó el primer parlamento vikingo en el año 930.
Nada de folclore barato: aquí el agua hierve en el campo y el silencio pesa toneladas.
Islandia no se visita, se sobrevive con la cámara llena. En cada curva de la costa sur te encuentras una cascada que ruge, una playa negra que engulle o una humareda que sale de la tierra como si el suelo respirara.
Fuera de Reikiavik el transporte público interurbano es prácticamente inexistente. Necesitarás alquilar un coche; para la costa sur y el Círculo Dorado basta con uno convencional, pero si piensas circular por las pistas de tierra del interior, numeradas con F, exigen tracción a las cuatro ruedas.

Aquí se puede caminar entre la falla tectónica que separa la placa euroasiática de la norteamericana, un paisaje de grietas y lavas donde se fundó el primer parlamento vikingo en el año 930.

El río Hvítá se precipita en dos saltos formando una cortina de agua que desaparece en una grieta perpendicular. En días soleados el arcoíris suele quedarse horas suspendido sobre el barranco.

En el valle de Haukadalur, Strokkur escupe una columna de agua hirviendo de veinte metros de altura cada cinco o diez minutos con una puntualidad geológica que desafía al reloj.

Con sesenta metros de caída y veinticinco de ancho, esta cascada de la costa sur genera tanta pulverización que casi siempre regala dobles arcoíris; sube los quinientos escalones de la ladera para verla desde arriba.

Arena negra volcánica, columnas de basalto hexagonales y unas olas atlánticas que arrastran con fuerza mortal; mantén siempre la distancia con el mar y orienta la espalda hacia el acantilado, nunca hacia el agua.

Una garganta de cien metros de profundidad y dos kilómetros de longitud por la que serpentea el río Fjaðrá; el sendero superior permite ver las curvas del cañón sin necesidad de guía.
🌸 Mejor momento: Junio a agosto, con septiembre como alternativa para ver auroras sin nieve en las carreteras principales.
Registra tu ruta en safetravel.is y descarga la aplicación 112 para emergencias; en Islandia no hay cobertura en grandes tramos del interior.
Nunca te des la espalda al mar en Reynisfjara: las olas imprevistas arrastran a varios turistas al año hacia el agua helada.
Compra alcohol en la tienda libre de impuestos del aeropuerto de Keflavík; dentro del país solo se vende en tiendas estatales Vínbúðin con precios muy superiores.
Sal temprano de Reikiavik hacia Þingvellir para caminar entre las placas sin masas. Continúa por el valle de Haukadalur para ver a Strokkur entrar en erupción y termina en Gullfoss, donde el río se estrella en dos niveles. Duerme en Hella o Selfoss.
Recorre la carretera del anillo en dirección este: para en Seljalandsfoss para rodear la cascada por detrás, en Skógafoss para subir a la vista panorámica y en el glaciar Sólheimajökull para ver la lengua de hielo sin hacer la excursión con crampones. Finaliza en la playa de Reynisfjara y pernocta en Vík.
Dirígete hasta Fjaðrárgljúfur y recorre el sendero del borde superior entre vistas de río y basalto. Vuelve a Reikiavik por la misma ruta con parada en el supermercado Bonus de Selfoss para cenar barato; si te sobra tiempo, pasea por el puerto viejo antes de la cena.











