
Machu Picchu
La ciudadela inca más famosa del mundo se defiende sola, pero merece subir al Huayna Picchu con reserva previa para verla desde arriba. Llega antes de las 10:00 para evitar la niebla y las multitudes en la foto clásica del Intihuatana.
Un viaje de altura que empieza en el ombligo del mundo.
Perú no se visita: se siente en las piernas al subir a Machu Picchu y en el estómago con su ceviche de limón recién exprimido. Es un país donde la cordillera de los Andes esconde ciudades de piedra y el desierto costero guarda geoglifos milenarios. Vente con tiempo, con calzado cómodo y con hambre de historia.
El avión es imprescindible para saltar entre Lima, Cusco, Arequipa y el norte. En ciudad, los taxis regulados por app funcionan bien; olvídate del coche en el centro de Lima y en el Valle Sagrado, donde los colectivos y los trenes a Machu Picchu son más prácticos.

La ciudadela inca más famosa del mundo se defiende sola, pero merece subir al Huayna Picchu con reserva previa para verla desde arriba. Llega antes de las 10:00 para evitar la niebla y las multitudes en la foto clásica del Intihuatana.

La Plaza Mayor, el Palacio de Gobierno y el Convento de San Francisco con sus catacumbas resumen la Lima virreinal en apenas un par de horas. Acaba en el Mercado de Surquillo para probar un ceviche de corvina sin pagar precio de turista.

Pisac, Ollantaytambo y las salineras de Maras conforman un corredor andino perfecto para aclimatarse antes de Machu Picchu. Alquila un taxi colectivo en Cusco o únete a una excursión de un día que incluya las tres paradas.

Estos geoglifos trazados en el desierto de Ica solo se aprecian bien desde una avioneta de 12 plazas; reserva con antelación y desayuna ligero para evitar el mareo. Si no vuelas, el mirador de la carretera Panamericana permite ver tres figuras a ras de suelo.

A casi 4.000 metros de altitud, las islas flotantes de los Uros y la isla Taquile ofrecen una inmersión en comunidades quechua y aymara. Pasa la noche en una familia de Amantaní si quieres ver el cielo estrellado sin contaminación lumínica.

Es uno de los cañones más profundos del planeta y el mejor lugar para avistar el cóndor andino desde la Cruz del Cóndor. El viaje desde Arequipa dura unas cuatro horas, así que organiza una excursión de dos días con pernocta en Chivay.
🌸 Mejor momento: Mayo a septiembre
No subas a Machu Picchu ni al Lago Titicaca el mismo día que aterrizas en Cusco o Juliaca: el mal de altura es real. Reserva dos noches en el Valle Sagrado o en Cusco para que tu cuerpo se adapte.
Compra la entrada a Machu Picchu con al menos tres meses de antelación en el sitio web oficial del Ministerio de Cultura; las plazas para el Huayna Picchu y la Montana se agotan incluso en temporada baja.
Lleva soles peruanos en efectivo para mercados, autobuses locales y restaurantes de pueblo, pero guarda también billetes pequeños de dólar estadounidense para emergencias, ya que se aceptan en muchos hoteles y agencias.
Por la mañana recorre el Centro Histórico de Lima: Plaza Mayor, Palacio de Gobierno y las catacumbas del Convento de San Francisco. A mediodía come ceviche en el Mercado de Surquillo y por la tarde pasea por el Malecón de Miraflores para ver el océano Pacífico desde el Parque del Amor. Coge el vuelo nocturno a Cusco.
Déjate llevar por la Plaza de Armas, la Catedral y el Templo del Sol (Qorikancha). Baja al Mercado de San Pedro a probar un jugo de maracuyá y un tamal. Por la tarde, sube a pie hasta el barrio de San Blas para ver los talleres de artesanos y acostarte temprano para aclimatarte.
Toma el tren desde la estación de Poroy o el bus hasta Ollantaytambo para embarcar en el tren Vistadome. Recorre la ciudadela inca con un guía oficial durante dos horas y sube, si tienes entrada, al Huayna Picchu. Vuelve a Cusco en tren nocturno.











