Museo del Hermitage
Ocupa el Palacio de Invierno y es uno de los museos más grandes del planeta. Reserva la entrada online con al menos una semana de margen en temporada alta, porque las taquillas físicas soportan colas de varias horas.
San Petersburgo es una ciudad que no entiende de medias tintas: o te conquista con su Hermitage y sus palacios imperiales, o te desarma con una nevada de cuento junto al río Neva. Ven con tiempo para perderlo entre sus puentes levadizos y sus avenidas de aristocracia congelada.
El metro es el mejor aliado: es barato, puntual y sus estaciones centrales son auténticos museos de mármol y cristal. Para trayectos nocturnos o a barrios periféricos, las aplicaciones locales de taxi funcionan con efectivo; olvídate del coche, el tráfico y el aparcamiento son un quebradero.
Ocupa el Palacio de Invierno y es uno de los museos más grandes del planeta. Reserva la entrada online con al menos una semana de margen en temporada alta, porque las taquillas físicas soportan colas de varias horas.
Conocido como el Versalles ruso, destaca por la Gran Cascada y sus jardines frente al golfo de Finlandia. En verano se llega en hidrodeslizador desde el centro, mientras que en invierno el trayecto combina tren suburbano y autobús.
Situado en Pushkin, a las afueras de la ciudad, alberga la célebre Sala de Ámbar y jardines de estilo inglés y francés. Cuenta con media jornada completa entre el transporte y la visita, así que organiza el día sin prisas.
Su cúpula dorada domina el skyline de la ciudad y desde su columna se contempla una panorámica de 360 grados. El interior está recubierto de mármoles semipreciosos y mosaicos que justifican la subida de más de doscientos escalones.
Se alza exactamente en el lugar donde fue asesinado el zar Alejandro II y sus cúpulas de cebolla son un icono fotográfico inevitable. Por dentro, está enteramente recubierta de mosaicos de vidrio que cubren más de siete mil metros cuadrados.
Fundada por Pedro el Grande en la isla de la Liebre, fue la cárcel de los Romanov y acoge hoy la catedral donde descansan casi todos los zares rusos. No te pierdas el paseo por sus murallas ni la vista del río Neva desde sus playas.
🌸 Mejor momento: Junio a agosto (noches blancas)
Las tarjetas Visa y Mastercard emitidas fuera de Rusia no funcionan desde 2022; lleva rublos en efectivo o consigue una tarjeta del sistema Mir. Cambia dinero solo en bancos o casas de cambio autorizadas para evitar billetes falsos.
Descarga aplicaciones locales como Yandex Maps y Yandex Go, ya que Google Maps no actualiza correctamente las líneas de transporte ni el tráfico de la ciudad. El metro sigue siendo la opción más veloz y fiable para cruzar el centro.
Los palacios imperiales y el Hermitage exigen reserva previa online durante la temporada alta; además, muchos museos cierran un día a la semana, así que consulta los calendarios oficiales antes de distribuir tu itinerario.
Por la mañana, atraviesa la Fortaleza de San Pedro y San Pablo para entender los orígenes de la ciudad y ver las tumbas de los zares. Al mediodía, camina hasta la Catedral de San Isaac y sube a su cúpula antes de perderte por la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada. Termina con un paseo nocturno por Nevsky Prospekt cuando se encienden las fachadas.
Dedica la jornada completa al Museo del Hermitage, entrando por la Puerta del Palacio de Invierno para recorrer la Escalera del Jordán y las salas de Rembrandt y Leonardo. Por la tarde, descansa en los Jardines del Almirantazgo y, si te quedan fuerzas, acércate al Museo del Ermitage o a un crucero por los canales.
Reserva la mañana para el Palacio de Peterhof: sal temprano en hidrodeslizador desde el Muelle del Almirantazgo para llegar antes de las multitudes y recorrer la Gran Cascada y los jardines inferiores. Si prefieres la arquitectura rococó, intercámbialo por el Palacio de Catalina en Pushkin, pero en ambos casos vuelve al centro con tiempo para ver el cruce de los puentes levadizos sobre el Neva al anochecer.