Cours Mirabeau
El bulevar más famoso de la ciudad, bordeado de plátanos centenarios y terrazas. En su extremo se alza la Fuente de la Rotonde, punto de encuentro inevitable entre el casco antiguo y la zona moderna.
Aix-en-Provence es una ciudad hecha para dejarse llevar. Sus callejuelas del siglo XVII, sus plazas con fuentes termales y su mercado matutino convierten cada paseo en una escena provenzal. Aquí no hace falta un plan estricto: solo ganas de mirar hacia arriba y descubrir patios escondidos.
El centro histórico es completamente peatonal, así que el mejor transporte son tus propias piernas. Para trayectos más largos, la red Aix en Bus cubre la ciudad con billetes sencillos de 1,20 €. Si quieres subir a la montaña Sainte-Victoire o recorrer los pueblos del Luberon, sí necesitarás coche o reservar una excursión.
El bulevar más famoso de la ciudad, bordeado de plátanos centenarios y terrazas. En su extremo se alza la Fuente de la Rotonde, punto de encuentro inevitable entre el casco antiguo y la zona moderna.
El taller donde Paul Cézanne pintó sus últimas obras, conservado exactamente como lo dejó. Las visitas son guiadas y con aforo limitado, así que conviene reservar plaza con semanas de antelación.
Pinacoteca que alberga obras de Cézanne, Picasso o Giacometti además de una excelente colección de pintura italiana y francesa. Tras su ampliación, dispone de espacios amplios donde se respira silencio y buen criterio.
Mercado de productores que se instala cada mañana con frutas, verduras, aceitunas y quesos de la zona. Es el lugar perfecto para montarte un picnic provenzal antes de subir a la Sainte-Victoire.
Templo del siglo XII al XIX donde conviven estilos románico, gótico y barroco. Su claustro románico del siglo XII es una joya poco conocida que merece una parada tranquila.

El macizo que Cézanne inmortalizó en decenas de lienzos, visible desde múltiples puntos de la ciudad. El sendero que sube al Croix de Provence exige calzado de montaña y permite vistas de toda la región.
🌸 Mejor momento: Mayo, junio y septiembre
Reserva la visita al Atelier de Cézanne online con al menos quince días de margen: el aforo es reducido y suele colgarse el cartel de completo.
Si viajas en coche, olvídate de aparcar en el centro y dirígete directamente al parking de la Rotonde o al Carnot; desde ambos se accede al casco antiguo en menos de cinco minutos andando.
Los calissons de Aix son protegidos por una denominación geográfica; pruébalos en una confitería tradicional como Léonard Parli y evita las imitaciones de souvenir.
Por la mañana, recorre el Cours Mirabeau de extremo a extremo y toma un café en una terraza con vistas a la Fuente de la Rotonde. A continuación, adéntrate en el Quartier Mazarin para ver la Place des Quatre Dauphins y la arquitectura del siglo XVII. Al mediodía, acércate al mercado de Place Richelme para comprar productos locales y comer algo ligero. Por la tarde, visita la Cathédrale Saint-Sauveur y su claustro románico; termina con una copa de vino rosado en una terraza de la Rue Joseph Cabassol.
Dedica la mañana al Atelier de Cézanne; la visita guiada dura unos cuarenta minutos y es imprescindible entender su relación con la ciudad. Después, baja a pie hacia el Musée Granet y contempla su colección permanente, incluyendo las salas dedicadas al artista. Come en algún bistró del centro y, por la tarde, pasea por el jardín del Tribunal o acércate al Hôtel de Caumont para ver sus exposiciones temporales.
Alquila un coche o únete a una excursión para acercarte a la montaña Sainte-Victoire. Realiza el sendero que parte de Le Tholonet hasta el refugio de Cézanne; si tienes experiencia, sube hasta la Croix de Provence. Lleva agua, protector solar y calzado de trekking. Regresa a Aix a media tarde para una última vuelta por las tiendas de artesanía de la Rue Gaston de Saporta y una cena de despedida con bouillabaisse o daube provençale.







