
Funafuti Conservation Area
Franja marina protegida que abarca seis islotes deshabitados dentro del atolón. Es el lugar idóneo para observar tortugas, rayas y corales sin competencia de otros turistas.
Un archipiélago tan remoto que parece haberse resistido al siglo XXI.
Tuvalu no aparece en los itinerarios habituales del Pacífico, y precisamente por eso merece la pena. Aquí no hay resorts ni cadenas hoteleras, solo nueve atolones coralinos donde la vida transcurre al ritmo de la marea. Si buscas el destino más genuino de Oceanía, has llegado al final del mapa.
En Fongafale, la isla principal, no necesitas coche: se recorre perfectamente en bicicleta o moto alquilada. Para visitar la laguna y los motus deshabitados deberás negociar una excursión en barca con algún pescador local, ya que no hay transporte público marítimo regular.

Franja marina protegida que abarca seis islotes deshabitados dentro del atolón. Es el lugar idóneo para observar tortugas, rayas y corales sin competencia de otros turistas.

Cuando no aterriza el avión de Fiji Airways, la única pista del país se convierte en el espacio público más animado: partidos de fútbol, voleibol y paseos al atardecer.

Búnkeres, torres de control abandonadas y restos de pistas militares construidas por Estados Unidos durante la guerra del Pacífico. Se visitan sin cartelería, con el sabor de lo improvisado.
lirneasia / Wikimedia Commons · CC BY 2.0Una laguna interior de aguas tibias y tonos turquesa que ocupa el centro del atolón. Su biodiversidad marina la convierte en el escenario principal para el baño y el nado con tubo.
Uno de los motus más pintorescos del atolón, cubierto de cocoteros y rodeado de arena blanca. Se accede en barca y resulta perfecto para una jornada de desconexión total.
Templo protestante de Fongafale donde los domingos escucharás los cánticos congregacionales más emotivos de Tuvalu. Asistir es una ventana abierta a la vida comunitaria local.
🌸 Mejor momento: Abril a octubre
Lleva dólares australianos en efectivo. Tuvalu no tiene cajeros automáticos y la mayoría de comercios no aceptan tarjeta.
Reserva el alojamiento con al menos tres meses de antelación: en Funafuti hay menos de una docena de habitaciones para turistas y siempre hay más demanda que plazas.
Contrata la excursión a la zona de conservación nada más llegar, porque dependen de la marea y de la disponibilidad de los pescadores locales.
Tras aterrizar en Funafuti, deja las maletas y recorre Fongafale en bicicleta para localizar el mercado y los comercios básicos. Al atardecer, acércate a la pista del aeropuerto, donde los locales juegan al fútbol entre vuelos, y termina con una cerveza mirando a la laguna.
Negocia con un pescador la salida matutina hacia la Funafuti Conservation Area. Pasarás la mañana nadando entre corales y tortugas, y después desembarcarás en un motu deshabitado para comer pescado fresco a la sombra de cocoteros.
Por la mañana, busca los restos de la Segunda Guerra Mundial dispersos por Fongafale: búnkeres y torres de control en medio de la vegetación. Dedica la tarde a un último baño en la laguna antes de preparar la maleta; los vuelos suelen salir de madrugada.







